En la nada n o hablan las lagrimas, ni existe el sonreír.
El amanecer se esfuma y se confunde con la llegada siempre precipitada de la luna.
ahí me encuentro con el despreciado sueño que solo recuerda,
sus ojos y esos duraznos dulces y jugosos, llenos del néctar mas sincero y preciado...luego en un brusco despertar...de ellos, una daga saltó a mi corazón matando lo único fantástico que le habitaba.
encontrándome hoy aquí desnuda y confundida.
con seguridad allá no volveré.